En la comunidad de Tañarandy, en el departamento de Misiones, Paraguay, miles de devotos católicos y visitantes se unieron para participar en la emblemática procesión de antorchas y candiles que se celebra cada Viernes Santo. Este evento, que se ha convertido en una de las tradiciones más significativas del país desde su instauración en 1992, representa una fusión de fervor religioso y expresión artística que atrae a personas de diferentes rincones del país, especialmente durante la Semana Santa. Este año, la festividad se lleva a cabo en un contexto especial, ya que se conmemora la ausencia de su creador, el reconocido artista Delfín Roque Ruiz Pérez, conocido popularmente como Koki Ruiz, quien falleció en diciembre de 2024 a los 67 años.

El lema de esta celebración, "La llama no se apaga", simboliza la continuidad de la tradición que Koki Ruiz inició hace más de tres décadas. Su legado artístico y espiritual sigue vivo a través de su familia, quienes se han comprometido a mantener la esencia de la festividad. Las hijas, la esposa y colaboradores del artista han tomado la posta en la organización del evento, asegurando que el espíritu de Ruiz perdure en cada antorcha encendida y en cada paso dado por el camino conocido como 'Yvaga Rapé', que significa 'el camino al cielo' en guaraní.

La procesión, que iluminó el paisaje con aproximadamente 20.000 candiles artesanales elaborados con sebo y mecha en cáscaras de naranja agria, y alrededor de 400 antorchas, se llevó a cabo a pesar de las inclemencias del tiempo. La lluvia no desanimó a los asistentes, quienes, al caer la tarde, encendieron los candiles dispuestos en el suelo para guiar el camino de la Virgen Dolorosa hacia su encuentro con Cristo crucificado, un momento que se considera central en la narrativa de la Semana Santa.

Los peregrinos, con antorchas en mano, recorrieron el trayecto desde la capilla de Tañarandy, situada a unos 260 kilómetros de Asunción, hasta la colina conocida como 'Barraca'. Este lugar es famoso por las escenificaciones teatrales que representan cuadros vivientes de la pasión y muerte de Cristo, una tradición que este año se renovó con nuevas propuestas artísticas. Almudena Ruiz, una de las hijas de Koki, compartió que este año decidieron inspirarse en el arte gótico, un estilo que su padre no exploró en profundidad, para dar un nuevo aire a las presentaciones.

La procesión de Tañarandy se caracteriza por su estructura ritual, donde la repetición de ciertos elementos permite que la festividad se mantenga viva en la memoria colectiva. A pesar de la constancia en el recorrido y las ceremonias, cada año se introduce un toque de creatividad que revitaliza la experiencia de los participantes. Almudena destacó que esta edición marca el inicio de una nueva etapa, en la que esperan atraer a unas 20.000 personas, reafirmando el compromiso de la familia con la obra de Koki.

Asimismo, la festividad también incluye la participación de los "estacioneros", un grupo de feligreses que, durante la procesión, entonan canciones y recitan oraciones, rindiendo homenaje al legado de Koki Ruiz. Este tipo de conmemoraciones subraya la importancia de la historia y la cultura en la construcción de la identidad de las comunidades, especialmente en un país donde las tradiciones religiosas son profundamente valoradas.

Tañarandy, cuyo nombre en guaraní significa 'tierra de los irreductibles', se ubica cerca de San Ignacio Guazú, un lugar con una rica herencia jesuítica que data del siglo XVII. La conexión entre la historia de la región y la festividad de la procesión de antorchas refleja la diversidad cultural de Paraguay, donde la religión, la historia y el arte se entrelazan para dar vida a tradiciones que perduran en el tiempo.