El cierre de 2025 trajo consigo un deterioro en la calidad de la cartera del sistema financiero argentino. En diciembre, la morosidad de los préstamos otorgados a las familias se disparó al 9,3%, una cifra que no se había visto en 16 años y que representa un aumento triplicado en comparación con el mismo mes del año anterior. Este incremento se produce en un contexto de creciente presión sobre los ingresos de los hogares y un encarecimiento generalizado del crédito.

Según el informe del Banco Central, el aumento en la morosidad se debe en gran medida a los préstamos personales, que presentan una irregularidad cercana al 12%, además de las líneas con garantía prendaria. Este fenómeno pone de manifiesto las dificultades que enfrenta el consumo financiado, tras un año donde el crédito había crecido considerablemente, pero la actividad económica comenzó a mostrar signos de desaceleración.

A pesar de la creciente morosidad en el segmento familiar, el crédito corporativo también experimentó un ligero aumento en su irregularidad, aunque se mantiene en niveles más bajos, alcanzando un 2,5%. Este incremento estuvo principalmente relacionado con empresas del comercio y la producción primaria, que son más vulnerables a la desaceleración económica. A pesar de estas señales de alerta, el financiamiento al sector privado sigue en expansión, con un aumento del 8,6% en el crédito total durante 2025, lo que refleja una dinámica compleja en el sistema financiero argentino.