En el corazón del Aconcagua, a una altitud de 4.300 metros sobre el nivel del mar, se erige Plaza de Mulas, el Campamento Base de la montaña más alta de América. Este lugar, que se convierte en un vibrante punto de encuentro para expedicionarios de diversas nacionalidades, cuenta con una infraestructura que incluye senderos marcados y carpas de diferentes colores que representan a las empresas que ofrecen servicios a los montañistas. A medida que se acerca la temporada alta, que inicia en noviembre y finaliza en marzo, la plaza cobra vida con su microcosmos cosmopolita.
Entre los atractivos de Plaza de Mulas, destaca una carpa singular y autónoma que alberga una galería de arte. Conocida como el Nautilus, esta estructura semicilíndrica se presenta como un oasis cultural en medio de la aridez montañosa. Al acercarse, los visitantes son recibidos por un ambiente decorado con palmeras plásticas y césped sintético, que contrastan con el paisaje natural. Dentro, se exhiben obras de arte que evocan la majestuosidad de los paisajes andinos, siendo la más impactante una representación del Aconcagua al atardecer.
Durante una visita a la galería, se tuvo la oportunidad de dialogar con Miguel Goura, el curador del espacio, quien, a pesar de las inclemencias del tiempo, ofreció una cálida bienvenida. Con un estilo de vida que refleja el espíritu aventurero del lugar, Miguel compartió mates y bizcochuelos mientras describía la esencia de su galería, que no solo busca mostrar arte, sino también conectar a los visitantes con la experiencia única de escalar el Aconcagua. La fusión de arte y naturaleza en este entorno extremo no solo es un atractivo turístico, sino también un testimonio del espíritu humano que se enfrenta a los desafíos de la montaña.



