En un mundo donde la información fluye a gran velocidad y la inteligencia artificial transforma la manera en que accedemos al conocimiento, el debate sobre el propósito de la educación se vuelve crucial. En este marco, la conversación entre el filósofo Tomás Balmaceda y la periodista Silvia Bacher, llevada a cabo en el auditorio de Ticmas durante la 50° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, se centró en la presentación de su obra titulada “Saber o no saber: el sentido de la educación en tiempos de inteligencia artificial”. Esta obra invita a reflexionar sobre el rol de las instituciones educativas, los docentes y los estudiantes en una realidad que está en constante cambio.

La educación, tradicionalmente asociada con el esfuerzo y la dedicación, enfrenta un reto significativo con el acceso instantáneo a la información. Bacher destacó que esta nueva dinámica podría poner en juego aspectos fundamentales de nuestra identidad y subjetividad. "Perdemos identidad, subjetividad y derechos", advirtió, subrayando que la problemática es más cultural y política que tecnológica. En un entorno que parece desdibujar estos valores, la educación debe asumir la responsabilidad de promover el pensamiento crítico y la ciudadanía activa.

Ambos ponentes coincidieron en que este contexto no debe ser visto únicamente como una amenaza, sino como una oportunidad para reimaginar el sentido de la educación. Bacher planteó la necesidad de fortalecer los derechos en un momento en el que parecen estar en retroceso. Preguntó retóricamente: "Cuando el entorno parece que te los quita, ¿cómo puede la educación reforzarlos?" Este enfoque crítico invita a un replanteo de cómo se enseña y se aprende, poniendo énfasis en la importancia del pensamiento complejo y la construcción de sentido.

Balmaceda introdujo el concepto de “soberanía cognitiva”, que se refiere a la capacidad de cada individuo para interpretar el mundo con su propia perspectiva y desarrollar criterios que le permitan comprender la realidad más allá de lo que los algoritmos le ofrecen. En una era donde la información es un bien común, la distinción entre el que simplemente busca y el que verdaderamente sabe se vuelve fundamental. “La discusión está en cómo me apropio de eso”, afirmó, enfatizando que en un contexto saturado de datos, discernir y construir sentido se convierte en una habilidad vital.

En este sentido, las humanidades encuentran un nuevo impulso, desafiando la noción de que el pensamiento crítico está en declive. Balmaceda sugirió que este es un momento en el que las humanidades pueden reinventarse y encontrar nuevas formas de expresión y reflexión. Además, resaltó que las habilidades interpersonales, a menudo subestimadas, son más relevantes que nunca en la formación de individuos capaces de navegar en un mundo complejo y lleno de información.

Por otra parte, Bacher destacó la importancia de diversificar los espacios de aprendizaje. Ampliar la educación hacia bibliotecas, librerías y otras fuentes culturales es esencial para evitar que la información se homogeneice y pierda profundidad. En este nuevo entorno educativo, el docente asume un rol transformador, no solo como transmisor de conocimientos, sino como guía y curador del aprendizaje, ayudando a los estudiantes a navegar en un mar de información y a desarrollar su propio criterio.

El desafío que se presenta es enorme, pero también lo es la oportunidad de construir una educación que fomente la creatividad, el pensamiento crítico y la capacidad de cuestionar. A medida que la inteligencia artificial y la tecnología continúan avanzando, es fundamental que la educación se transforme, adaptándose a nuevas realidades y preparando a los estudiantes para un futuro en el que la información y el conocimiento son más accesibles que nunca, pero también más complejos de interpretar y utilizar de manera efectiva.