En el vibrante barrio de 'Little Havana', Miami, se ha estrenado la comedia 'El viejo y la cotorra', una obra cinematográfica que aborda temas complejos como el derecho a vivir plenamente y el proceso de duelo tras la pérdida de un ser querido. Dirigida por el cineasta cubano-estadounidense Gabriel de Varona y protagonizada por el talentoso Rubén Rabasa, la película se presenta como una reflexión profunda sobre la vida y la identidad en un contexto multicultural. Durante su proyección en el Miami Film Festival, Rabasa compartió su visión sobre la película, destacando que "habla de algo que pasa con los seres humanos, que a veces se creen que se las saben todas y no aceptan las diferentes formas de que nosotros venimos a este mundo".
La trama gira en torno a Praxi, un hombre interpretado por Rabasa, quien se embarca en una insólita aventura para recuperar el alma de su amigo Yoelvis, atrapada en una cotorra disecada por un gurú espiritual. Este peculiar planteamiento no solo introduce un elemento de fantasía, sino que también permite explorar el dolor de la pérdida y la lucha por el sueño de su amigo, quien se esfuerza por hacer prosperar un puesto de comida cubana vegetariana, un concepto poco convencional. A través del humor, la película invita a los espectadores a reflexionar sobre la importancia de la aceptación y la búsqueda de la felicidad, sin importar las circunstancias.
Rabasa subraya el mensaje central de la película, que se basa en "la regla del tres: observación, aceptación y educación". A medida que avanza la historia, los personajes se ven obligados a confrontar sus propios temores y prejuicios, lo que facilita un diálogo sobre la diversidad y la inclusión. El actor recuerda la poderosa reacción que tuvo un espectador en el estreno en Los Ángeles, quien, emocionado, le confesó que la película le había tocado profundamente. Esta conexión emocional es un testimonio del impacto que puede tener el cine al abordar temáticas universales como el duelo y la búsqueda de identidad.
El largometraje también rinde homenaje a la cultura cubana, presentando imágenes de la santería y escenarios emblemáticos de 'Little Havana', como el 'Domino Park' y el Parque de la Memoria Cubana. Estas localizaciones no solo añaden autenticidad a la narrativa, sino que también resaltan la rica herencia cultural de la comunidad cubana en el exilio. Rabasa, en un momento de reflexión, expresó el profundo sentido de nostalgia que siente al recordar su llegada a Estados Unidos, una experiencia que no fue elegida, sino impuesta por circunstancias políticas.
Gabriel de Varona, quien también ha trabajado en cortos como 'Overtime' y 'Hurricane Flora', explica que su elección de 'Little Havana' como escenario busca mostrar una faceta de Miami que a menudo queda oculta. "Quería enseñar eso al mundo que nunca se ve, para que la gente vea que no es solo una ciudad de playa, de lucir sexy y las drogas. Es una ciudad que de verdad tiene cultura", afirmó el director. Su enfoque en este barrio icónico permite a los espectadores conocer un lado de Miami que va más allá de los estereotipos.
La cotorra disecada, un objeto central en la narrativa, simboliza el duelo y la forma en que las personas intentan aferrarse a los recuerdos de quienes han partido. Rabasa señala que muchas veces, los objetos que pertenecían a seres queridos fallecidos adquieren un significado especial, convirtiéndose en un vínculo emocional que ayuda a sobrellevar la pérdida. "Si hay un objeto, una cosa que estaba cerca de ellos, es como que se meten en ese objeto de una manera; al tenerlo, tú los tienes cerca", concluyó el actor, enfatizando la complejidad de las emociones humanas en relación con el duelo y la memoria.
'El viejo y la cotorra' se erige así como una obra que no solo entretiene, sino que también invita a la reflexión sobre la vida, la pérdida y la aceptación de las diferencias. A través de su propuesta narrativa y estética, la película pone de relieve la riqueza cultural de Miami y la necesidad de abrazar la diversidad, ofreciendo una mirada esperanzadora hacia el futuro y la posibilidad de vivir auténticamente, a pesar de las adversidades.



