En el marco del festival New European Bauhaus, que se celebró recientemente en Bruselas, la bailaora valenciana Irene de la Rosa ofreció una actuación innovadora que fusionó el flamenco con la inclusión, permitiendo que personas sordas vivieran la experiencia artística de una manera única. Este evento, que marcó el cierre del festival, se centró en la idea de que la danza y la música pueden ser accesibles a través de diversos sentidos más allá de la audición, enfatizando la importancia de la percepción corporal, las vibraciones y el silencio.
La artista, en diálogo con la prensa, compartió su visión sobre las múltiples formas de experimentar el sonido: "Hemos llegado al punto en el que hay muchas maneras de recibir el sonido". Su enfoque busca no solo democratizar el acceso a las artes escénicas, sino también enriquecer la expresión artística al incorporar a un grupo que históricamente ha estado marginado en este ámbito. De la Rosa presentaba así una parte de su proyecto de investigación y creación denominado 'Antoñita', que se estrenará en Valencia en octubre, inspirado en la vida de La Singla, una bailaora sorda del siglo XX.
Este proyecto no solo se limita a la realización de espectáculos; también es un profundo proceso de investigación que ha llevado a De la Rosa a explorar nuevas formas de sentir el ritmo. Según sus palabras, se busca descubrir maneras de conectar y compartir el arte del flamenco a través de otros sentidos, tales como la vista y el tacto. "El objetivo es hacer que la danza sea más inclusiva y más accesible", expresó la bailaora, enfatizando la necesidad de crear un puente entre la danza y la comunidad sorda.
Además de su actuación, De la Rosa ha trabajado estrechamente con el colectivo de personas sordas de la Comunidad Valenciana, conocido como FESORD CV, con el fin de incorporar sus perspectivas en el proceso de creación escénica. Este enfoque participativo ha permitido a la bailaora entender mejor las necesidades y deseos de esta comunidad, lo que ha sido fundamental para el desarrollo de su obra. La colaboración incluyó talleres de cocreación en los que se exploraron aspectos como la luz, las vibraciones y otros elementos que favorecen la comprensión de la danza desde una perspectiva no auditiva.
Una de las conclusiones más significativas que surgieron de este proceso fue que las personas sordas suelen sentirse excluidas de las artes escénicas. "Lo que hemos podido estudiar es que no participan porque no se sienten incluidos, ya sea por falta de interés o por no haber tenido contacto previo con la danza", comentó De la Rosa. Este hallazgo subraya la importancia de crear espacios inclusivos donde todas las personas puedan experimentar el arte sin barreras, promoviendo así una sociedad más equitativa.
La bailaora concluyó afirmando que la inclusión en el arte es un trabajo que debe ser realizado de manera colectiva, tanto a nivel social como institucional. Su labor es un llamado a la acción para que todos los sectores de la sociedad se comprometan a derribar las barreras que impiden la participación plena de las personas sordas en el mundo de las artes. Sin duda, iniciativas como la de Irene de la Rosa son pasos fundamentales hacia un futuro donde el arte sea un espacio accesible para todos.



