La muerte de Griselda Gambaro, a los 98 años, volvió a poner en primer plano recuerdos que parecían perdidos. Entre ellos aparece un libro de tapa roja comprado durante la secundaria, cuando el teatro ocupaba un lugar central. El volumen reunía tres obras y también llevaba el rostro de la autora, con sus rulos de arcilla.

En una muestra del primer taller de actuación, el de los sábados, hubo una escena de La malasangre. La elección no fue casual: durante una clase en el Centro Cultural San Martín, una profesora había dicho que quienes disfrutaban del teatro debían leer a Gambaro. Después de esa indicación, la compra fue en una librería de la calle Laprida. Ahora vuelve la pregunta por ese ejemplar: dónde está.

El recuerdo también alcanza todo lo que entonces se sabía —o se creía saber— de la escritora: la cantidad de textos que produjo, sus novelas, los tomos de teatro, los premios y la censura que sufrió durante la última dictadura. A los 17 años, la vocación parecía no admitir dudas. La aspiración era ser actriz de televisión, teatro, cine o comedia musical, salvo cuando la atención se desviaba hacia el chico que gustaba. Hubo un book de fotos caseras, tomadas por unas amigas mellizas, para enviar a agencias de casting. Al revelar esas imágenes apareció el primer indicio de que ese camino quizá no funcionaría, aunque la búsqueda continuó durante varios años.