Al llegar a los 60 años, muchas personas piensan que aprender un nuevo idioma es una actividad del pasado. Sin embargo, investigaciones recientes demuestran que adquirir una lengua extranjera en la madurez puede ser un factor clave para mejorar la salud cerebral.

No se trata únicamente de una habilidad comunicativa o cultural; el aprendizaje de idiomas está relacionado con procesos neurológicos que afectan la memoria, la atención y la plasticidad del cerebro. Un estudio con 1.939 adultos de aproximadamente 80 años, que no presentaban demencia al inicio del seguimiento, reveló que aquellos que se dedicaban a actividades como la lectura, la escritura o el aprendizaje de idiomas tenían un 38% menos de riesgo de desarrollar Alzheimer y un 36% menos de deterioro cognitivo leve.

Expertos en neurorehabilitación y en enseñanza de idiomas han destacado seis beneficios cognitivos que se asocian al aprendizaje de lenguas en etapas avanzadas de la vida. La terapeuta Natalie Mackenzie señala que estudiar un idioma activa el hipocampo, área relacionada con el aprendizaje y la memoria, así como la corteza prefrontal, que es crucial para la memoria de trabajo y a largo plazo. Este proceso involucra también el área de Broca, vinculada a la producción del habla, y el área de Wernicke, que interviene en la comprensión del lenguaje, haciendo que el aprendizaje de idiomas sea una actividad que exige un alto nivel de compromiso cognitivo.