Una fotografía de varias atletas durante el Campeonato Europeo de Atletismo recupera, desde una perspectiva artística, el interrogante que atravesó las investigaciones de Eadweard Muybridge: cómo registrar aquello que el ojo apenas alcanza a percibir cuando un cuerpo se desplaza. La escena deportiva, sin embargo, no funciona como una demostración científica ni busca repetir las experiencias del fotógrafo británico del siglo XIX.
Muybridge exploró el movimiento a través de la cronofotografía. Mediante una sucesión de registros, sus dispositivos permitieron observar, instante por instante, acciones como correr, caminar o bailar. Allí donde la mirada humana distinguía apenas una ráfaga, esas imágenes hicieron visibles las distintas fases de cada gesto y abrieron una nueva forma de pensar la relación entre tiempo, cuerpo y representación.
El cinematógrafo —y todo lo que surgió después— aparece como la consecuencia más popular de aquellos desarrollos. Pero el legado de los pioneros no determina la imagen del campeonato. En este caso, la fotografía se detiene en un momento fugaz: los cuerpos de las atletas pierden su definición individual y parecen convertirse en pinceladas breves, superpuestas y dinámicas. La fuerza de la escena no reside en explicar el movimiento, sino en capturarlo cuando todavía conserva algo de misterio.



