El presente artículo busca resaltar la importancia de los cuentos, una actividad que a menudo no recibe la atención que merece por parte de padres y educadores. Esta labor, sin embargo, es una hermosa tradición que los abuelos han sabido mantener, convirtiéndose en los guardianes de una memoria colectiva rica en relatos.
En el ocaso de sus vidas, los abuelos tienen la capacidad de transmitir historias que ofrecen un sentido más profundo a la existencia humana, en contraste con la superficialidad del consumismo actual. Recordar las noches en que nuestros padres solían contarnos relatos antes de dormir evoca una experiencia que muchas generaciones disfrutaron. Algunos de estos cuentos eran creaciones espontáneas, llenas de imaginación y magia.
Entre los personajes más memorables que aparecían en las narraciones de mi padre, uno destacaba: el sabio loco, quien siempre incluía expresiones enigmáticas que despertaban nuestra curiosidad. Aunque hoy puedan parecer anticuadas, esas palabras mágicas poseían un atractivo especial, un misterio que cautivaba. A través de estas historias, los abuelos no solo entretienen, sino que también educan y fortalecen los lazos familiares, recordándonos el valor de lo simple y lo mágico en la vida cotidiana.



