Ubicado en Puerto Madero, el Museo de la Cárcova se ha transformado en un referente cultural gracias a su reciente renovación. Originalmente, los edificios que albergan el museo fueron caballerizas del Lazareto, y en 1911 se convirtieron en la Escuela Superior de Bellas Artes de la Nación, impulsada por la figura de Ernesto de la Cárcova. En 1928, se estableció en ese mismo espacio el Museo de Calcos, que ahora, tras una profunda remodelación, ha recuperado su esplendor y su compromiso con la educación artística.
La dirección del museo, liderada por Luciana Delfabro, ha introducido un cambio significativo en la forma en que se presenta la colección. En lugar de seguir el enfoque tradicional que narra la historia del arte a través de una secuencia eurocéntrica, el nuevo guion se centra en el contexto de cómo y por qué estas reproducciones llegaron a Argentina. Este enfoque busca reflexionar sobre su uso en la enseñanza y su relevancia en la educación artística pública contemporánea. Durante un recorrido exclusivo, Delfabro compartió su visión sobre este cambio de paradigma, que busca conectar la historia del museo con la formación de artistas en el país.
Una de las principales metas de esta renovación es resaltar el rol del Estado en la educación artística. La directora enfatizó que muchas figuras prominentes del arte argentino, que más tarde se convirtieron en referentes, pasaron por la Escuela Superior de Bellas Artes. Este legado es parte de un proyecto público que apunta a construir una comunidad de artistas, destacando la importancia de la formación estatal en este ámbito.
El desarrollo del nuevo guion curatorial fue llevado a cabo por un equipo comprometido, que incluye a la coordinadora general Cecilia Pitrola, la directora de gestión institucional Patricia Moreira, y Milena Gallipoli, especialista en investigación sobre calcos. Además, el proyecto se benefició de la colaboración de expertos como Feda Baeza, Marisa Baldasarre y Sergio Raimondi, quienes aportaron su conocimiento para enriquecer la propuesta.
Delfabro también destacó que la colección, en gran parte, fue concebida con fines pedagógicos por Ernesto de la Cárcova, quien realizó adquisiciones de calcos a talleres vinculados a destacados museos europeos. Este esfuerzo institucional no solo implicó una visión artística, sino también una gestión compleja que involucraba la obtención de fondos del Estado nacional para la compra y el transporte de las piezas al país. La directora subrayó que la mayor parte de las adquisiciones se realizó alrededor de 1926, aunque posteriormente se tomaron decisiones para expandir la colección, como la inclusión del famoso David, que se encuentra al ingresar al museo.
Un aspecto innovador de la renovación es la manera en que se presentan las obras. En lugar de ocultar que son calcos, el museo ha decidido enfatizar esta característica, mostrando incluso el reverso hueco de algunas piezas. Esta estrategia contrasta con la antigua presentación, que ofrecía un recorrido cronológico de la historia del arte sin destacar que el visitante estaba ante reproducciones. Al poner en primer plano la naturaleza de las obras, el museo invita a una reflexión más profunda sobre la originalidad y la copia, así como su lugar en el ámbito educativo.
Con esta transformación, el Museo de la Cárcova no solo se posiciona como un espacio de exhibición, sino como un lugar de reflexión sobre el arte, la educación y la cultura en Argentina. El nuevo enfoque curatorial es un paso hacia la valorización de la historia local y el reconocimiento del aporte del Estado en la formación de artistas, reafirmando así su rol fundamental en la escena cultural del país.



