El Mercado de Hacienda de Liniers, un emblemático centro de comercialización ganadera en Buenos Aires, cerró sus puertas el 13 de mayo de 2022. Este hecho marcó el fin de más de un siglo de actividad ininterrumpida, convirtiéndose en un símbolo de la historia económica y social de la capital y su conurbano. La mudanza de esta tradicional institución a Cañuelas no solo significó un cambio físico, sino que también provocó una transformación profunda en el ecosistema productivo del barrio de Mataderos, un área que ha sido testigo de innumerables cambios a lo largo de los años.

Con una superficie de aproximadamente 30 hectáreas, el Mercado de Liniers fue durante generaciones el punto neurálgico para la industria frigorífica y el comercio de hacienda en el país. Su cierre implica la desaparición de un espacio que era más que un simple centro de venta; era un lugar donde se entrelazaban las vidas de productores, compradores y trabajadores. La mudanza a Cañuelas ha generado inquietudes sobre el futuro de Mataderos, un barrio que ha visto cómo su identidad se redefine en un contexto económico y social en constante evolución.

La historia del Mercado de Liniers se remonta a 1884, cuando las autoridades de la ciudad decidieron trasladar los mercados que estaban ubicados en zonas propensas a inundaciones, debido a los desbordes del Riachuelo. Esta decisión llevó a la elección de un terreno cercano a la estación Liniers, donde en 1889 se colocó la piedra fundamental del nuevo mercado. En sus inicios, las instalaciones eran rudimentarias, comenzando con una simple casilla de madera que funcionaba como fonda y almacén, mientras que la actividad comercial se expandía rápidamente.

Las obras del mercado se consolidaron en 1890, con la aprobación de un proyecto que establecería un área comercial de ocho hectáreas, que posteriormente se ampliaría a veinte. En este proceso, se creó una sociedad anónima dedicada a la administración y construcción de los nuevos mercados públicos de la ciudad. En 1897, se inauguró una escuela en las instalaciones, anticipando la culminación de un espacio que se convertiría en un referente para la comunidad.

Con la llegada de la infraestructura ganadera, surgió un nuevo barrio, conocido inicialmente como Nueva Chicago, que en la práctica se conocía simplemente como “Mercados”. La modernidad de las instalaciones del Mercado de Liniers, que rivalizaban con las de Estados Unidos, le otorgó un estatus especial en la época, aunque los documentos oficiales lo referían como “Liniers”. Este dualismo en la nomenclatura refleja la complejidad de la identidad cultural del lugar, que ha sido moldeada por diversas influencias a lo largo de su historia.

Hoy en día, el antiguo Mercado de Hacienda de Mataderos ha sido declarado monumento nacional y se encuentra en proceso de restauración por parte del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). Esta iniciativa busca poner en valor un espacio fundamental del patrimonio urbano porteño, garantizando la preservación de su identidad arquitectónica y los procesos que lo han caracterizado. El estudio realizado por el INTI ha permitido descubrir técnicas constructivas que evidencian la transición entre lo tradicional y lo moderno, revelando la rica historia que se encuentra encapsulada en sus muros.

Las técnicas documentadas, que incluyen morteros de cal con trazas de adobe, son un claro ejemplo de cómo los métodos constructivos ancestrales coexistieron con la llegada de nuevas tecnologías a fines del siglo XIX. Esta mezcla de tradiciones no solo enriquece el legado del Mercado de Liniers, sino que también invita a reflexionar sobre la importancia de preservar estos espacios que forman parte de la identidad colectiva de la ciudad. La historia del Mercado de Hacienda de Liniers es, sin duda, un testimonio de la evolución urbana de Buenos Aires y su capacidad para adaptarse a los desafíos del tiempo sin perder de vista sus raíces.