En numerosos hogares alrededor del mundo, es común que los niños crezcan expuestos a más de un idioma. Sin embargo, aún persiste la creencia de que hablar en una lengua no nativa podría generar un cierto distanciamiento emocional o complicar la comunicación entre padres e hijos.
Un reciente estudio ha desafiado esta noción al demostrar que el uso de una lengua adquirida no afecta la conexión cerebral entre madres e hijos durante el juego, una actividad fundamental para el desarrollo emocional y social en la niñez. La investigación fue liderada por la doctora Efstratia Papoutselou y el profesor Douglas Hartley, y sus hallazgos fueron publicados en la revista Frontiers in Cognition.
El estudio se llevó a cabo en el Reino Unido con familias bilingües en las que las madres dominaban el inglés, aunque este no era su idioma materno. Participaron niños de entre tres y cuatro años, una etapa crucial para el aprendizaje y la regulación emocional. A medida que aumenta el número de hogares multilingües en Europa, también crece el interés por investigar el impacto del bilingüismo en la cognición y las relaciones familiares. Los resultados sugieren que la calidad del vínculo afectivo se mantiene constante, independientemente del idioma utilizado durante la interacción.



