El Faro de Alejandría, una de las maravillas arquitectónicas más emblemáticas de la antigüedad, ha comenzado a revelar sus secretos tras siglos de estar sumergido en las aguas del Mediterráneo. Este imponente faro, que iluminó el puerto egipcio desde el siglo III a.C. hasta el siglo XIV, no solo fue un faro físico, sino un símbolo de la grandeza de la civilización helenística y del poder de los Ptolomeos. Su luz, generada a través de hogueras y espejos de cobre, guiaba a las embarcaciones en una costa repleta de peligros, convirtiéndose en un referente indispensable para la navegación de la época y un ícono del ingenio humano.

Recientemente, un equipo de investigación conocido como PHAROS ha llevado a cabo una operación sin precedentes para recuperar 22 bloques colosales del fondo marino. Este grupo, liderado por la arqueóloga Isabelle Hairy y respaldado por instituciones como el Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia y el Centre d’Études Alexandrines, ha logrado extraer fragmentos que alcanzan un peso de hasta 80 toneladas. La recuperación de estos bloques no solo es un hito arqueológico, sino que también abre nuevas puertas a la investigación sobre cómo se construyó y mantuvo esta monumental estructura durante siglos, a pesar de los desastres naturales que la acosaron.

El proyecto PHAROS no se limita a la mera recuperación física de los bloques, sino que también incluye un minucioso proceso de escaneo digital mediante fotogrametría de alta precisión. Esta técnica permite la creación de modelos virtuales del faro, lo que proporciona una oportunidad única para estudiar su diseño original y comprender mejor las innovadoras técnicas de construcción utilizadas por los antiguos arquitectos e ingenieros. Este enfoque moderno combina la arqueología con la tecnología, ofreciendo una visión renovada y detallada de esta maravilla del mundo antiguo.

La importancia del Faro de Alejandría trasciende su función práctica como guía para los navegantes. Su presencia en el horizonte representaba la ambición y el esplendor de la época helenística, simbolizando la fusión cultural entre las tradiciones egipcia y griega. Cada bloque recuperado cuenta una historia sobre la diversidad arquitectónica de Alejandría y sobre cómo estas civilizaciones antiguas resolvieron los desafíos técnicos de su tiempo. La mezcla de estilos en los elementos arquitectónicos recuperados refleja la riqueza cultural de la ciudad y su papel como un cruce de caminos entre distintas culturas.

Además de las implicaciones históricas, la investigación sobre el Faro de Alejandría también lanza un llamado de atención sobre la necesidad de preservar nuestro patrimonio subacuático frente a amenazas contemporáneas, como la contaminación y el aumento del nivel del mar. La protección de estos sitios es crucial no solo para la conservación de la historia, sino también para fomentar el interés de las nuevas generaciones en la arqueología y la ciencia. La conexión entre el pasado y el presente es esencial para entender y valorar nuestras raíces culturales.

La complejidad de la operación de rescate fue notable, enfrentando dificultades como la baja visibilidad y el irregular fondo marino, que complicaron la extracción de los bloques. Sin embargo, el uso de barcazas y grúas especializadas facilitó el proceso, permitiendo que estos fragmentos, que habían permanecido sumergidos durante siglos, fueran finalmente llevados a la superficie. Entre los elementos recuperados se encuentran dinteles, umbrales y losas de cimentación, así como restos de un pilono que marcaba la entrada al faro, todos testimonios de la grandiosidad de esta estructura que ha fascinado a generaciones.