En el otoño de 2024, un caso judicial en Francia conmocionó al mundo: Dominique Pelicot fue detenido por drogar sistemáticamente a su esposa de 50 años, Gisèle, y permitir que numerosos hombres abusaran de ella mientras dormía. Durante más de diez años, Pelicot filmó cada uno de estos ataques, algunos en los que también participó, lo que llevó a la policía a identificar y acusar a un total de 50 hombres.

La valiente decisión de Gisèle de hacer público su sufrimiento marcó un hito en el proceso judicial. En Francia, las víctimas de agresiones sexuales pueden elegir si los juicios serán públicos o privados. Gisèle optó por despojarse del estigma asociado a su experiencia y exigir que los perpetradores fueran juzgados abiertamente. Esto la llevó a presenciar, durante semanas, videos de su propia humillación en la sala del tribunal. Aunque su valentía la convirtió en un símbolo de lucha internacional, su vida personal se desmoronó.

El relato de Gisèle, titulado "Un himno a la vida", refleja su vida previa a las agresiones, donde se presentaba como una mujer con un matrimonio ideal, tres hijos y dos carreras exitosas. Sin embargo, todo cambió cuando su esposo confesó haber sido arrestado por un delito menor. Lo que parecía un problema manejable se tornó en una pesadilla al descubrir que las investigaciones revelaron un oscuro secreto. Al ver las desgarradoras imágenes de su propia violencia, Gisèle enfrentó una realidad devastadora: la mujer en esas fotografías era ella, un cruel recordatorio de la traición y el dolor sufridos.