En un incidente alarmante ocurrido en un colegio rural del municipio de Policarpa, Nariño, una facción disidente de las antiguas FARC llevó a cabo una actividad que ha sido calificada como propaganda política. Este suceso se desarrolló en un contexto de creciente preocupación por la influencia de grupos armados en comunidades vulnerables, especialmente en entornos educativos. La intervención de los disidentes, que incluyó la entrega de útiles escolares a niños, ha generado un intenso debate sobre la instrumentalización de la niñez en medio de un conflicto armado que aún resuena en distintas regiones del país.
La Consejería Presidencial para los Derechos Humanos condenó de manera contundente estas acciones, subrayando que la presencia de actores armados en escuelas representa una violación grave de los principios establecidos en el Derecho Internacional Humanitario. La entidad enfatizó que las instituciones educativas deben ser espacios libres de violencia y manipulación, donde la seguridad de los niños esté garantizada. En este sentido, el ingreso de los disidentes no solo pone en riesgo a los menores, sino que también atenta contra la integridad de los espacios educativos, considerados bienes protegidos por la normativa internacional.
En un video que circuló a través de medios de comunicación, se observó a varios hombres y mujeres armados junto a los niños, quienes, además de recibir útiles, posaron para fotografías. Este acto ha sido calificado como un intento de adoctrinamiento, dado que los disidentes entregaron mensajes impresos que sugieren que su intervención busca "hacer felices a los niños" en un contexto donde el Estado se percibe como ausente. Este tipo de estrategias de comunicación son preocupantes, ya que intentan ganar la simpatía de la población infantil, lo que podría tener repercusiones a largo plazo en la percepción que estos niños tienen sobre la violencia y los actores armados.
La respuesta del Gobierno colombiano no se hizo esperar, con un llamado urgente a todos los grupos armados para que respeten los derechos de la infancia y se abstengan de involucrarlos en el conflicto. La Consejería también instó a las autoridades competentes a tomar medidas legales que aseguren que las escuelas se mantengan como entornos seguros para todos los estudiantes. Esta situación pone de relieve la necesidad de crear políticas efectivas que protejan a los menores de ser arrastrados a dinámicas de violencia, así como la importancia de fortalecer la presencia del Estado en zonas donde la influencia de grupos armados es palpable.
El caso de Policarpa no es aislado; Colombia enfrenta un desafío constante con respecto a la seguridad de sus ciudadanos en regiones donde la presencia de disidencias se ha vuelto más prominente. La reciente decisión del Gobierno de aumentar la recompensa por información sobre Néstor Gregorio Vera, alias Iván Mordisco, jefe del Estado Mayor Central, refleja la urgencia por desarticular estas estructuras criminales que amenazan la paz y el bienestar de la población. Vera es considerado el criminal más buscado del país, y su captura es vista como un paso esencial para restablecer la seguridad en áreas vulnerables.
En conclusión, el ingreso de disidencias de las FARC a un entorno escolar en Colombia subraya la complejidad del conflicto armado en el país y la necesidad de una respuesta integral que no solo aborde la violencia, sino que también proteja a los más jóvenes de ser utilizados como herramientas en este escenario. La educación debe ser un refugio seguro y no un campo de batalla ideológico, y es responsabilidad del Estado y de la sociedad civil garantizar que así sea.



