A lo largo de la historia, es común que los padres eligieran el nombre de sus hijos en relación a la festividad de algún santo, una práctica que perdura en diversas tradiciones religiosas. En la actualidad, muchas personas continúan felicitando a quienes llevan el nombre del santo que se conmemora en su onomástico, una costumbre que se refleja en las tradicionales "Mañanitas", donde se celebra a los homenajeados.
El término 'onomástico' se refiere al día en que se recuerda a un santo específico, y aunque a menudo se confunde con el cumpleaños, en realidad se relaciona únicamente con el calendario de santos. Cada día se celebra a aquellos hombres y mujeres que, por sus buenas acciones y su compromiso con valores éticos, han sido reconocidos por la iglesia a través de la canonización o beatificación.
Este 25 de febrero se honra a San Valerio, un confesor del siglo VII conocido por su paciencia y virtudes heroicas. Nacido en Astorga, Valerio vivió una vida de oración y penitencia, convirtiéndose en un referente espiritual en su comunidad. A pesar de las adversidades y la envidia de algunos, su legado perdura entre aquellos que buscaban su guía y consuelo, lo que evidencia la profunda conexión espiritual que los fieles sentían hacia él.



