Recientemente, la empresa suiza Art Recognition ha generado un intenso debate en el mundo del arte al afirmar que dos obras atribuidas al maestro renacentista Jan van Eyck no serían auténticas. Esta declaración ha sido desafiada por el historiador del arte belga Maximiliaan Martens, quien considera que la situación pone de manifiesto las limitaciones de la inteligencia artificial (IA) en la resolución de cuestiones complejas de autoría y técnica que han sido objeto de estudio por décadas. La controversia se centra en dos versiones de la obra "San Francisco de Asís recibiendo los estigmas", datadas entre 1428 y 1432, que se encuentran en los Museos Reales de Turín y en el Museo de Arte de Filadelfia.
La firma Art Recognition, utilizando un modelo de IA, ha determinado que la versión del Museo de Arte de Filadelfia no fue pintada por Van Eyck con una certeza del 91%, mientras que la versión de Turín también fue descartada con un 86% de probabilidad. Estas afirmaciones han generado un fuerte rechazo por parte de varios expertos en la materia, quienes consideran que el uso de tecnología para evaluar obras de arte no puede reemplazar el análisis crítico y profundo realizado por historiadores y especialistas. Carina Popovici, directora ejecutiva de Art Recognition, mencionó que los museos probablemente no estarán contentos con el resultado de este estudio; sin embargo, los Museos Reales de Turín no han emitido ningún comentario al respecto.
Martens, quien se ha especializado en la obra de Van Eyck, argumenta que es problemático intentar entrenar un modelo de IA para identificar la pincelada distintiva del artista. Según el historiador, incluso con análisis microscópicos, las características de las pinceladas de Van Eyck son apenas perceptibles, lo que cuestiona la capacidad de un algoritmo para realizar esta tarea. “La dificultad de definir y detectar esas pinceladas es una de las características más notables de su obra”, enfatizó Martens en una comunicación reciente.
Además, el historiador subrayó que la autenticidad de las obras en cuestión sigue siendo un tema sin consenso entre los especialistas. Esta incertidumbre se agrava por el hecho de que Van Eyck, como muchos artistas de su época, trabajaba junto a un taller de colaboradores, lo que dificulta determinar su participación directa en cada obra. Por lo tanto, la discusión no se limita a la autoría de estas pinturas, sino que también incluye la capacidad de la IA para resolver cuestiones que requieren un conocimiento profundo de las prácticas artísticas del Renacimiento.
Particularmente, la versión de Filadelfia está pintada sobre pergamino adherido a un panel, lo que confiere características de superficie diferentes a aquellas obras que emplean la técnica de pintura al óleo sobre una base de calcio, por la cual Van Eyck es ampliamente reconocido. Martens también resaltó que ambas obras han sufrido daños y retoques a lo largo de seis siglos, lo que complica aún más la evaluación de su autenticidad. “¿Está Art Recognition consciente de estos factores?”, se interrogó el experto, sugiriendo que la colaboración entre empresas tecnológicas y la comunidad académica es crucial para obtener conclusiones más precisas sobre la autenticidad de las obras de arte.
La controversia que rodea a las obras de Van Eyck y el uso de la inteligencia artificial en su análisis plantea preguntas fundamentales sobre la interacción entre la tecnología y el estudio del arte. Si bien la IA puede ofrecer herramientas valiosas para el análisis, los debates sobre autoría, técnica y estilo requieren un enfoque que trascienda los límites de los algoritmos. La historia del arte es compleja y está marcada por la subjetividad y la interpretación, elementos que son difíciles de capturar mediante modelos computacionales. En este contexto, el papel del historiador del arte se vuelve más relevante que nunca, resaltando la importancia de la experiencia y el conocimiento en el análisis de obras maestras del pasado.
La situación en torno a las obras atribuidas a Jan van Eyck no solo subraya las limitaciones de la IA en el ámbito del arte, sino que también invita a una reflexión más amplia sobre cómo la tecnología influye en la interpretación y conservación de nuestro patrimonio cultural. A medida que avanzamos hacia un futuro donde la inteligencia artificial se integra cada vez más en diversas disciplinas, es esencial mantener un diálogo abierto y crítico entre la tecnología y las humanidades, garantizando que el conocimiento humano siga siendo un pilar fundamental en la valoración de la creatividad del pasado.



