La cineasta española Carla Simón presenta en su obra una profunda exploración del dolor y la memoria. A través de su mirada, el verano cobra vida con aromas de melocotones y sonidos de las fiestas populares, mientras su cámara captura momentos cargados de emoción, desde el canto de las cigarras hasta las risas de actores no profesionales que dan vida a sus historias.

La trágica pérdida de sus padres a causa del sida en su infancia ha dejado en Carla un cúmulo de interrogantes que se reflejan a lo largo de su filmografía. La realizadora siente que su legado familiar es escaso: de su padre posee algunos super 8 y de su madre, un puñado de fotografías, vídeos y cartas. Estos recuerdos son el punto de partida para su búsqueda de identidad y su deseo de honrar la memoria de quienes ya no están.

A través de sus cortometrajes y largometrajes, Carla Simón enfrenta el duelo y la nostalgia, entrelazando su vida personal con la ficción. En películas como "Verano 1993", aborda la adopción y la pérdida, mientras que en "Después también" se esfuerza por desestigmatizar el VIH, mostrando cómo la comprensión y el amor pueden superar el silencio y la incomprensión. Su trabajo es un homenaje a la memoria, un intento de dar sentido a la ausencia y una celebración del poder del cine como vehículo de sanación.