“Hace dos meses que no duermo”. Con esa frase comienza Diario de un dolor, el nuevo libro de Ana Ojeda, publicado por Bosque energético. La obra parte de una experiencia física intensa que altera la vida cotidiana de la narradora: el dolor le impide respirar, vivir, trabajar y hasta abrir los ojos. El padecimiento, atendido con medicación y distintas terapias, también se transforma en material de escritura y encuentra una vía de expresión en el humor.
Ojeda nació en Buenos Aires en 1979 y es autora de las novelas Modos de asedio, Falso contacto, No es lo que pensás, Mosca blanca mosca muerta, Vikinga Bonsái, Seda metamorfa, Furor fulgor y Mujer peor. También publicó los libros de relatos La invención de lo cotidiano, Neias y nercias y Motivos particulares. Además, trabaja como editora en la editorial Planeta y escribe reseñas en distintos medios.
El volumen está dividido en dos partes. La primera, “Una temporada en el invierno”, se concentra en el presente del dolor, una experiencia que ocupa toda la percepción y desplaza cualquier otra emoción. En ese tramo aparece la idea del escritor peruano Juan Ramón Ribeyro, quien definió al dolor físico como “el gran regulador de nuestras pasiones y ambiciones” y señaló que su presencia neutraliza cualquier deseo que no sea hacerlo desaparecer.
La segunda sección, “Las señoras sentadas”, se aleja del episodio puntual para recorrer el pasado de la narradora, su historia familiar y el origen de su vínculo con la lectura y la escritura. Así, Diario de un dolor articula el registro de una experiencia corporal extrema con la memoria, la literatura y una mirada capaz de incorporar el humor aun en los momentos de mayor sufrimiento.



